Entre “quehaceres” y tráfico se desenvuelve la vida del venezolano común. En vista de lo vital que resulta optimizar el tiempo, los desayunos en las colas y las lecturas en los centros de comida “rápida” son más comunes de lo que parecen. Quizás la diferencia sustancial entre el que vive la rutina amargado y el que no ha perdido la capacidad de acariciarle la espalda a la vida es la habilidad de apreciar los pequeños momentos. No es lo mismo refunfuñar porque la lluvia causará hidrofobia a las autopistas de Caracas que inmortalizar el instante en el que las gotas de agua caen como misiles en el charco, levantando el agua sucia como una micro explosión, para luego diluirse en lo que parece un festín de ondas que acrecientan su tamaño incesantemente. Es esa destreza para perpetuar instantes lo que hace de nuestra rutina algo menos convencional y despierta nuestra sensibilidad por la reflexión que, a su vez, es la responsable de los inventos y descubrimientos más importantes de la historia. Dicha inquietud no sólo ha sido dirigida a la ciencia, también hay quienes (para mí, los más osados) la “transforman” en arte. Este blog está dirigido para los curiosos, aquí no sólo podrán leer historias que por timidez sólo me atrevo a contar por escrito, tanto reales como “de mentira“; también podrán apreciar en “cámara lenta” las pequeñas cosas que la naturaleza nos obsequió y que los científicos se han dado a la tarea de explicar para nosotros, los curiosos.

lunes, 14 de marzo de 2011

El diario de Sashimi


            Supe la verdad la noche después de su muerte.
            A pesar de mi norma de no memorizar los nombres de mis pacientes para no involucrarme con ellos, a Sashimi lo conocía muy bien. Era el paciente número 1611 y todas las mañanas acudía a su cita conmigo para su evaluación. Hablábamos de cualquier tema, era fascinante la forma en la que lograba que olvidara por qué estaba ahí. Su sonrisa era hipnotizante, a mi como terapeuta me costaba trabajo mantener los ojos en el oficio. En repetidas ocasiones yo me convertí en su paciente, su mirada me escudriñaba y cada mínimo detalle de mi vida que irresponsablemente se me escapaba era capturado por él. Mi trabajo era determinar por qué había cometido un crimen tan atroz y si merecía la pena de muerte. Era precisamente lo impenetrable de sus pensamientos y su talento para moldear los míos a su antojo lo que acrecentaba mi miedo. En vista de mi incapacidad en tomar alguna decisión sobre mi paciente, tuve que remitirlo a otro profesional. El 15 de noviembre del 2009 Sashimi fue sentenciado a la pena de muerte y como despedida me dejó una nota que decía “Para Christine, por escucharme y por permitirme conocer a un yo desconocido”, con un fragmento de su diario anexado que aquí les presento:

            Fecha: 16 de julio del 2009
      Hace unas semanas murió mi madre. Nunca supe si fue su carácter o la enfermedad lo que me convertía en un insecto y a ella en un ser supremo que escasamente me veía. Yo no era como mi hermano y de eso mi madre se encargó de mostrarme evidencia. Al final, o más bien en “su final”, este insecto vivió más y no lamentó su pérdida.
      El día de su funeral confieso que estaba bastante aburrido. Nadie se me acercaba, quizás porque no era fácil para mí fingir tristeza y todos notaban que mi hermano necesitaba más el pésame que yo. Cuando finalicé mi Sudoku alcé la mirada y una extraña sensación me embriagó. Aquella mujer de traje negro y ajustado, muslos tonificados y labios carmesí provocó en mí aquel deseo por el que había esperado toda mi vida. Mi mente la poseía por el cabello largo y dorado, el brillo de sus ojos reflejaba el placer de la entrega sin medida. Era sencillamente una diosa que de mis fantasías más secretas se había escapado para darle sentido a mi presencia en el funeral de mi madre.
      Intenté acercarme a ella, me abrí paso entre la multitud pero, cuando llegué al lugar donde ella se encontraba, ya se había ido. Nadie supo decirme quién era. Parecía un espejismo que sólo yo había visto, pero sabía que era real, tenía que serlo. Era necesario encontrarla tanto como vivir, esa mujer sería mía a toda costa. ¿Quién era ella? ¿Cómo no la había visto jamás? ¿De dónde conocía a mi madre? No entendí jamás cómo llegó al funeral de la persona que mas detestaba en mi vida. Fueron muchos los días que pasaron hasta que hallé la forma de volverla a ver. Fui lo más cuidadoso que pude, pero en el funeral de mi hermano, la policía me encarceló. Mi plan no había funcionado, mi amada aparentemente no conocía a mi hermano, pues no asistió a su funeral. Nunca podré volver a verla. Es curioso cómo el mundo condena mi determinación a encontrar a la mujer que amo. Mi hermano no era nadie sin mi madre, y por él ahora me encuentro enredado en kilómetros de alambres de púas que impiden que encuentre a mi amada. No merezco este castigo.

            Fecha: 30 de agosto del 2009
      Hoy fue el día más maravilloso de mi vida. Antes de entrar a su consultorio  nada podía superar la muerte de mi madre, pero eso que dicen del destino es cierto. Cuando pensé que estaba hundido en el infierno allí estaba ella, tan hermosa como la primera vez que la vi. Las venas me palpitaban en la sien, mi entrepierna se tensó súbitamente, el frío de mis manos sudorosas era comparable con el fuego que ardía en mi interior y en los oídos escuché mi corazón… Oh sublime deseo. Ella se convirtió en el único regalo que me concedió mi madre: mi amada, mi Christine…

            Y así fue como, a horas de su muerte, descubrí la verdad acerca del paciente 1611.




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