“La imaginación es una facultad especial que tienen los artistas para crear una realidad nueva a partir de la realidad en que viven”
Gabriel García Márquez
Si alguna vez te pareció ver un conejo en la luna, reconociste a los personajes que se esconden detrás de las nubes o viste a Elvis Presley en el “quemadito” de tu arepa de esta mañana ¡no te preocupes!, la realidad está sobrevalorada. Hechos como los anteriores evidencian un impulso desvergonzado de tu mente por dejar escapar esa creatividad que has mantenido reprimida en el transcurso de tu vida.
Sobre esto profundiza el Dr. Fernando Rísquez al definir a un creativo como todo aquel que asocia las mismas cosas de manera diferente a los demás; por lo que se puede afirmar que las ideas se encuentran “flotando” en el aire esperando que alguien las “agarre” y las use. Es esa creatividad la que permite la metamorfosis entre la oruga de las sandeces de nuestros pensamientos hasta la hermosa mariposa que se eleva impulsada por el arte de escribir; tal como asegura Ernest Hemingway “Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal”.
Si me permites preguntar, ¿Te han llamado curioso alguna vez? No temas admitirlo, pues la curiosidad es el principal reactivo que induce la creatividad. Ésta te traslada a los lugares más insospechados donde puede alojarse la materia prima de tu escrito. Es mediante el descubrimiento de lo particular en lo ordinario que la invención cobra vida en las más majestuosas obras.
El arte de asociar cosas aisladas y emplearlas en la escritura creativa no es un asunto esotérico ni tampoco se trata de magia; como afirma Rísquez, sólo hay que estar preparado para asociar las cosas apoyándonos en los conocimientos previos a la creación y “madurar” nuestras ideas mediante lo que él llama incubación. Las imágenes inquilinas en nuestra mente, ya sea de nuestra infancia, de una conversación en el metro o del programa de televisión que vimos la semana pasada, pueden estar conectadas mediante complejos engranajes que nuestro cerebro se encarga de hacer por nosotros. El arte se encuentra oculto en lo sencillo, basta con evocar y crear. Gabriel García Márquez simplifica mis palabras al afirmar que “la realidad es mejor escritor que nosotros. Nuestro destino, y tal vez nuestra gloria, es tratar de imitarla con humildad, y lo mejor que nos sea posible”.
¿Y qué hacer cuando la fantasía se convierte en un monstruo de ocho brazos que se apodera de nuestra mente? La respuesta es sencilla: déjala fluir y permite que también se adueñe de tu escrito. En palabras de Rísquez, la fantasía participa en el proceso creativo, razón por la cual debemos trabajarla mediante las técnicas de escritura aprendidas para darle cabida en nuestros textos.
Rísquez también nos ilumina con la idea de que el arte es la manifestación de una conexión con uno mismo, por lo que un artista o escritor creativo se ha regodeado en la reflexión y ve en la escritura un canalizador de sentimientos e inquietudes. No se debe pretender influir a otras personas con nuestro escrito, tú eres tú propio público y es a ti mismo a quien debes impresionar, siempre teniendo fe, más que en tu capacidad, en tu pasión.
Así, no debes olvidar que lo más importante en el desarrollo de una escritura creativa es ejecutarla. Si bien la curiosidad por pequeñas cosas, la asociación de objetos aislados y la conexión con tu yo interno son las bases de la escritura creativa, lo más importante es atreverse a crear. Como alguien muy sabio me dijo una vez: “Un viaje a China comienza con un paso”.
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